Desde Monserrate, Bogotá una Cumbre Pacifista.
Guillermo Solarte Lindo.


Muchas veces grandes hombres o mujeres logran sintetizar en una frase todo el anhelo humano. Otras veces en ellas mismas se encuentra estimulo o fuentes de optimismo. Nosotros el grupo de trabajo de la Cumbre Mundial de Paz tropezamos con un pensamiento de Gandhi que hizo posible este encuentro: Nuestra Recompensa Se Encuentra En el Esfuerzo y no en El Resultado. Un esfuerzo total en una recompensa completa. Si los esfuerzos humanos buscaran la paz sin detenerse a pensar en el resultado es muy posible que avanzáramos al menos unos pocos metros más. Pero no es así.
El éxito del militarismo en éste comienzo de siglo no nos puede sorprender. Su exagerada capacidad para movilizar recursos a favor de las guerras tampoco. No nos sorprende que algunos jefes de estado corran embelesados por el poder y la satisfacción de la tecnología y llenen las arcas de los fabricantes de armas que no pocas veces son los estados mismos.


"Las armas de la democracia"


Si esto no sorprende, deberíamos quedar atónitos al ver las cifras que muestran con toda claridad como las democracias conocidas como las solidad o sus líderes, son las más productoras de armas, también son las que transfieren más armas y tecnología militar a los países del sur.
Estados Unidos, Francia, Gran Bretana, Alemania, Espana, ejemplos de democracias y Rusia son los seis países que en total exportaron el 79% de las armas entre 2004 y 2008. El gasto militar de estas democracias parecería ratificar ésta inmensa paradoja: sus presupuestos rondan el mismo 70% del total del gasto militar mundial. Lo que acrecienta ésta paradoja es el hecho de que la democracia se consolide desde el armamentismo. El gran interrogante que surge de éste contrasentido sería ?de que manera puede una democracia abogar por un mundo en paz o justo si desde ella se alimenta el planeta con armas?

Para estos países el marcado de armas más dinámico esta en China, La India y algunos otros de Oriente. Ahora y desde un tiempo para acá parecen haber descubierto en América Latina, un mercado que se estructura y dinamiza en las crisis internas o regionales, muchas veces alimentadas por esas mismas democracias o por intereses económicos de grupos o conglomerados empresariales que luchan por permanecer en esos mercados, sin importar muchas veces la forma de hacerlo o debilitando esas democracias, con estrategias de corrupción claramente identificadas en todas partes. Diría que conjuntamente con el mercado de armas y de droga el mal que hace tambalear la democracia como modelo de gobierno es la corrupción.

  Es necesario que encontremos la forma de echar a andar procesos sociales que determinan transformaciones reales, nuevos procesos productivos, nuevos métodos de comercialización, apelar al reconocimiento dentro de nuestras diferencias de las condiciones que nos hacen iguales, participes de la misma catástrofe, del mismo proceso y de las mismas posibilidades  

Desde esta perspectiva es que la cumbre mundial de paz incorporó como uno de sus ejes fundamentales la reflexión en torno a la democracia. Es posible que solo desde una nueva óptica democrática que incorpore el pacifismo en sus distintas acepciones que podemos proponer un modelo político más cercano a las comunidades, mucho más cerca del dialogo como forma de solución de conflictos y desde allí se construya una visión del mundo en donde los Derechos Humanos sean una de las cumbres a escalar. Hacer giros sustanciales en esto Significaría privilegiar la inversión en vida antes que en violencia, en educación antes que en armas, en alimentación antes que en tecnología bélica, en verdad antes que en demagogia.

"La irracional fuente de la razón"


Algunos pragmáticos de la academia o de la tecno burocracia argumentan, sin sonrojarse, que gran parte de la sostenibilidad de la democracia está en su capacidad para defenderse militarmente o, por otro lado sostienen que un equilibrio de fuerzas garantizaría la estabilidad política o militar del planeta. Pero ambos argumentos se han convertido a lo largo de la historia en frágiles supuestos que han costado millones de vidas. En donde cerca del 80% son civiles que se han convertido poco a poco en objetivo militar. De hecho estas cifras imponen una desmilitarización de la política a nivel global y una nueva estrategia pacifista de desmovilización del espíritu bélico.

Otra constancia de la irracionalidad de la política es el porcentaje que cada país gasta en lo militar, frente al que destinan a la ayuda para el desarrollo. Mientras que estados Unidos dedica aproximadamente más de 500 mil  millones de dólares del PIB al gasto militar, solo el 0.18 del presupuesto es destinado a la ayuda para el desarrollo. Lo  mismo sucede porcentualmente con Francia, Alemania y Gran Bretana. Las cifras, que pueden diferir un poco de una fuente a otra, muestran que sobre el espíritu democrático ronda de manera continua e intensa el espíritu bélico. Lo acecha con el más estrecho de los cercos y lo arrincona hasta dejarlo reducido a la opción militarista de la democracia. Otros abogan desde las trincheras de la ilegalidad por un ejército del pueblo, que asumiendo el poder termina siempre convirtiéndose en el ejército del estado.

  El problema de la paz está más que descrito, existen mil fuentes de interpretación de la situación actual y cinco mil propuestas diferentes para enfrentarlo. La religión, las políticas  estatales, los movimientos sociales, el ecologismo, las organizaciones no gubernamentales, las naciones unidas, el banco mundial, en general las organizaciones multilaterales y las que no lo son tanto, han hecho toda clase de diagnósticos de la situación mundial cada uno con sus respectivas recetas. El asunto es que seguimos recorriendo los mismos caminos que nos han llevado a donde estamos hoy.  

La poca ayuda para el desarrollo ha cogido un camino no muy claro: gran parte de ella es canalizada a través de consorcios u organizaciones no gubernamentales que estructurados en los países del norte administran estos recursos quedando en sus arcas gran parte de esa misma ayuda. Es conocido el destino que parte de la ayuda en tiempos de catástrofes como la del Tsunami desaparece en las arcas de las organizaciones que nacieron en el altruismo y transitaron con avidez hacia lo que podría llamarse los nuevos cazadores de fortunas.

     

Hemos introducido diferenciaciones en los campos de acción a la manera de la especialización del trabajo hasta el punto en que hemos perdido el horizonte común y encarcelado las discusiones relevantes en círculos intelectuales cuya utilidad es discutible.

     

¿Qué producimos y qué comunicamos?

Pero el pensamiento bélico no nace exclusivamente en los ejércitos o en los estados sino que se alimenta de muy sólidos argumentos elaborados entre las murallas académicas, en los centros de investigación científica o en los grandes centros de desarrollo tecnológico. Podría afirmar en este punto que las guerras tienen dos componentes que habría que saber enfrentar: por un lado la militarización de la política y su componente duro el armamentismo, y por otro la argumentación o teorías que están detrás de cada una de las mil guerras que hemos padecido.  De la violencia que se vende en televisión y de la fragilidad del sistema educativo para transformar una cultura que resalta en todos los ninos la competencia absurda por ser el mejor de todos a toda costa sino que también crea como validos o naturales comportamientos a todas luces violentos. Desde ésta raíz o si se prefiere, desde este trasfondo cultural es que la Cumbre Mundial de Paz  propuso una reflexión de la cultura como eje de sus reflexiones. Contraponer una cultura de paz a una de guerra en estos tiempos no solo es necesario sino urgente. Las ambiciones bélicas de muchos no dan espera.

Las corrientes de pensamiento militarista alimentan el alma de la época y ahora esta se nutre de un muy sólido y casi científico pensamiento balístico, militar, que sustenta la idea de estado nacional. En este ámbito, uno de los conceptos que habría que analizar con más rigor es el de seguridad, él justifica no pocas veces, ya no solo decisiones militares, o de guerra, sino también políticas o de represión. La seguridad, tanto la nacional como la planetaria, se ha convertido en el dispositivo justificador de no pocas barbaridades, de infinidad de corrupción y de inagotable violencia. Sobre él están sentadas las bases del armamentismo, por un lado, y de la violación de Derechos Humanos por el otro. También urge poner en tela de juicio la manera como desde el Estado se pretende responder por esos derechos. La defensa de la vida está estrechamente ligada a la idea de la fuerza. Se defiende la vida con armas. Se sabe que al menos 81 países todavía infligen torturas o malos tratos a las personas, en al menos 53 se las somete a juicio sin las garantías debidas, y en al menos 77 no se les permite hablar con libertad.

 

Es paradójico que quienes conciben la globalización como la más adelantada y novedosa empresa del desarrollo humano, estén aún enclaustrados en el sinsentido de dividir de un tajo el mundo entre buenos y malos en lugar de reconocerlos como simplemente como diverso.

 

Observando con atención el panorama de la democracia en el mundo podríamos inferir que ella atraviesa por un largo periodo de crisis. Los datos por país lo constatan pero si miramos el contexto global, las sucesivas guerras de invasión, el desequilibrio norte sur, la distribución de la riqueza, el arrasamiento ecológico, la propiedad de los medios de comunicación o el acceso a la salud y la educación muestran que la justicia, otro de los ejes de la cumbre, ha sido arrinconada, postergada o sencillamente desconocida, se promovió desde interesados "think tanks" el imperio de la ley que, quizás sin quererlo, se convirtió en uno de los enemigos más fuertes del anhelado paraíso de la justicia. La ley en algunos países se acomodo al antojo de minorías o de poderes poco éticos.

Armas y comunicación han sido y son las claves de la expansión exitosa de la barbarie. La tecnología de la comunicación y su altísimo dinamismo ha abierto puertas hacia el desarrollo y también las abrió a los abismos inmensos del unanimismo y de la uni-información.  Se teje sobre el exceso de información una superficialidad que lleva a otra sutil paradoja: la polución informativa reduce la libertad de expresión creando la ilusión democrática de estar cada vez más informados. Pero igualmente se puede observar con fuerza la sensación de no saber quien está informando.

Cualquier persona conectada a la red (se estima que hay ya más de 1000 millones de internautas en el mundo) recibe al menos 30 correos con información en donde no está clara la procedencia, la veracidad y mucho menos la intencionalidad. La guerra se vive también en la red y muchas veces la represión, la invasión o la masacre o aun la corrupción están apoyadas en eficaces estrategias comunicativas que ocupan o invaden medios y crean o recrean inmensos territorios de la mentira.

 

Es paradójico que quienes conciben la globalización como la más adelantada y novedosa empresa del desarrollo humano, estén aún enclaustrados en el sinsentido de dividir de un tajo el mundo entre buenos y malos en lugar de reconocerlos como simplemente como diverso.

 

La cultura, que era el producto del intercambio entre seres entre comunidades o entre países se construye, cada vez con mayor intensidad medida por la red y la televisión. La realidad en los proceso de acceso a lo que otros producen, viven o anoran hace que internet y su amplísima capacidad de expresión se conviertan en una de las claves de creación de cultura, de formas todavía no explicables de comportamiento, también de lo que en términos muy amplios podría conocerse como la ciberpolítica y la clave de su desarrollo la ciberciudadania. Se amplía el contacto entre ciudadanos de distintas partes del mundo. Se amplía así mismo la capacidad de comunicación y al mismo tiempo de convocatoria política, también claro, la posibilidad de manipulación o desinformación.

 

Ciclos Incompletos y Contradictorios

Aunque parezca una contradicción, la globalización ha recreado el nacionalismo, otra de las enfermedades graves de la política. Tanto éste como el patriotismo han sido nutridos con fuertes teorías difíciles de desvirtuar que arrasaron el siglo pasado con millones de personas (en las dos guerras mundiales murieron alrededor de 60 millos de personas en su mayoría civiles) Bajo la mirada impávida y cómplice de muchos que pensaron que la enfermedad era la cura para los males del planeta. El mal convertido en remedio se convirtió en movimientos políticos con u gran ejercito detrás: el nacional socialismo, el estalinismo, el fascismo, el falangismo europeos así como los autoritarismos populistas de América Latina y los neo nacionalismos actuales hacen la historia a bala y comunicación o (propaganda).

 

Es necesario que encontremos la forma de echar a andar procesos sociales que determinan transformaciones reales, nuevos procesos productivos, nuevos métodos de comercialización, apelar al reconocimiento dentro de nuestras diferencias de las condiciones que nos hacen iguales, participes de la misma catástrofe, del mismo proceso y de las mismas posibilidades

 

La tendencia a crear bloques o comunidades regionales tiende a convertirse en otro mecanismo de defensa, en el que varios estados nacionales y sobre los principios del estado nacional, constituyen consejos de seguridad, en todo caso militares, que podría entenderse, son el primer paso de grandes ejércitos multinacionales que crean sobre la base de la fuerza una ilusión de equilibrio y unidad.

Los bloques y también los imperios se edificaron siempre sobre la base de sólidos argumentos nacionalistas y avasallaron otros territorios en defensa propia sin importar que esa defensa fuese criminal. La fuente del derecho fue reemplazada por la fuerza de las armas. La institucionalidad que tantos anos costo edificar se derrumbo ante la potencia de las razones de la seguridad nacional o global. Eran por lo visto frágiles instituciones que perdieron los cimientos ante las ideas neo nacionales. Que a su vez se fortalecieron en las ideas económicas del neoliberalismo que tambaleo en medio de la crisis financiera y el reciente crack económico.

Las guerras como siempre han tenido razones económicas de fondo. Los intereses económicos o los desastres económicos empujan o animan la belicosidad. Los recursos naturales de algunos pasaron a ser tesoros para otros que usando la fuerza se los apropiaron. La tensión producida en muchos lugares del planeta está en estrecha relación con los recursos naturales, allí donde existen grandes potencialidades de riqueza se acrecienta el conflicto o la presión de grupos multinacionales.  

Repensarnos la seguridad como la necesidad de garantizar los medios para la vida, como la posibilidad de afrontar los problemas ambientales, de enfrentar las enfermedades, de desaparecer las inequidades en el acceso a la salud, la educación, el trabajo y la cultura y no simplemente en garantizar armas y ejércitos para controlar amenazas que a todas luces van más allá de los Estados y las naciones y que han demostrado no necesitar de potenciales bélicos descomunales para ser definitivamente letales.

 

La fuerte relación que existe entre el sistema económico y el político se estrecha con rapidez en tiempo de crisis. Un Estado tambaleante se arma para defender su caída de la misma manera que un sistema económico en crisis pierde la razón y convierte el mal en solución. El uso de la fuerza pasa a ser la fuerza haciendo crecer el problema de forma exponencial.
Paralelamente a las medidas para salir de la crisis se invirtieron en armas a nivel global cerca de: (US$ 1464 billones, incremento de 4%)

En países de América Latina en medio de la crisis también se han destinado grandes inversiones en armas o ejércitos. Siempre con exitosas justificaciones electorales, siempre sobre la razón de estado y siempre sobre la necesidad de la defensa. Si estas soluciones se hubiesen destinado a la solución del desempleo, del hambre, o a reducir la desproporcionada distribución de la riqueza, el horizonte de paz sería muy distinto. De los US$1226 billones gastados en defensa durante el 2008, Suramérica fue responsable de US$34 billones lo que representa el 2.7% del mundo.

 

Y ahora, nosotros.

Colombia un país que arrastra un conflicto armado hace más de cinco décadas y que hace parte de la dinámica mundial descrita se orienta por los mismos principios del mundo actual y su insensatez. No es distinta. La fragilidad democrática está animada por el mismo militarismo que recorrió el planeta de la mano de G. Bush a raíz de lo que fue el 11 de septiembre. También ha sido azotada por el narcotráfico que en manos de políticos devino en paramilitarismo. La guerra colombiana, sufrida principalmente por la población rural se narcotizo, se hizo dependiente del trafico de drogas y transitó de forma acelerada hacia la delincuencia.
Los sueños de transformación social, de revolución política fueron así mismo absorbidos por el militarismo, el armamentismo y los actos delincuenciales que azotan la población civil: secuestro, víctimas civiles, minas y desplazamiento, han hecho de aquel sueno una larga pesadilla que parece no encontrar soluciones. Que políticamente está anclada en un paleo marxismo autista. Que promueve una guerra atrapada en la delincuencia, que agazapada parece esperar atenta, no se sabe donde ni se sabe hasta cuándo.

Los sueños de transformación social, de revolución política fueron así mismo absorbidos por el militarismo, el armamentismo y los actos delincuenciales que azotan la población civil: secuestro, víctimas civiles, minas y desplazamiento, han hecho de aquel sueno una larga pesadilla que parece no encontrar soluciones. Que políticamente está anclada en un paleo marxismo autista. Que promueve una guerra atrapada en la delincuencia, que agazapada parece esperar atenta, no se sabe donde ni se sabe hasta cuándo.

La ambición de paz del país se redujo a inagotables diálogos entre sordos, entre militaristas que buscan en las mesas la derrota del otro, la imposición de modelos de sociedad que poco o nada se diferencian de lo que el mismo estado promueve. La derrota de estos largos procesos ha significado el tránsito hacia una política de confrontación bélica que gano espacio entre la ciudadanía y que ha terminado por establecer un régimen autoritario que muchos anoraban y que basado en una altísima militarización denominada seguridad democrática avanza electoralmente hacia un estado autoritario y aunque parezca otra paradoja frágil.

 

Si bien, la intervención de los gobiernos está estrechamente relacionada con las fuentes de los problemas, pueden eventualmente ser una buena fuente para su solución, a través de la gestión de recursos, el direccionamiento de políticas públicas coherentes y ante todo imparciales según su razón de ser, en un contexto de desregularización creciente y amplias posibilidades de movilidad, de comunicación y de información, podemos adelantar podemos adelantar proyectos y gestionar recursos en el mismo sentido y eficazmente

 

La revisión de éste panorama nacional es uno de los ejes de ésta cumbre que ha buscado el nacimiento de un pacifismo calificado por los halcones de la guerra como ingenuo. Desde aquí quisimos poder proponer unos mínimos que tomen camino de la mano de la mano del Acuerdo Nacional que promueve la Comisión de Conciliación Nacional. Y que podría ser una inmensa tarea de pedagogía de paz que buena falta nos hace.

La cumbre busco además de la reflexión, seis logros que hemos considerado estratégicos y algunas propuestas que quisiéramos compartir como gestos positivos de diferentes países del mundo y del nuestro propio. No pensamos que estas propuestas cambien radicalmente la situación, pero esperaríamos que esos gestos ampliaran la esperanza de aquellos que creemos que la paz antes que un derecho es un deber que tienen todos los que gobiernan o los que tienen algún poder en la sociedad.