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LEY DE CULTURA DE PAZ

 

PROCESO DE CREACION SOCIAL DE UNA LEY POR UN PAIS EN DONDE LA CULTURA DE PAZ ORIENTE NO SOLO A LOS CIUDADANOS SINO Y PRINCPIALMENTE A AQUELLOS QUE ASUMEN UN LIDERAZGO, DETENTAN UN PODER O TIENEN LA CAPACIDAD DE MOVILIZACION DE OPINION, DE CREACION DE IMAGINARIOS O DE FORMACION DE SERES HUMANOS.

  

PRESENTACION

 EL UNIVERSO PACIFISTA: UNA UTOPÍA ABIERTA Y EN EVOLUCIÓN CONTINUA.

El pensamiento y la acción  pacifista no se agotan en el discurso por la existencia de una sociedad  en paz ni tampoco se limitan a la idea de una resistencia civil a los desmanes del poder. ?Pero es posible ir más allá? se preguntaran incrédulos, ingenuos, muchos, quizá demasiados, eruditos y académicos y casi todos los políticos y tecnócratas.

Podría decirse que pensar sin la fuerza o respaldo  de las armas es un desafío no superado ni por izquierdas ni por derechas, en ambas persiste, de manera terca, el revés del proverbio popular la unión hace la fuerza. Su idea parece nacer de entender exactamente lo contrario: La fuerza hace la unión y sobre esta misma idea se entiende que los individuos se organizan y permanecen en sociedad por la existencia de un Estado cuyo monopolio de la fuerza garantiza la paz. De hecho romper esa inmensa paradoja podría ser un buen punto de partida para cualquier pensamiento que se aprecie como crítico o subversivo.

Lo más subversivo, entonces,  que se puede nombrar en medio de las infinitas guerras que se libran en el mundo hoy día y a las infinitas injusticias y violación de la libertad y los derechos humanos que se producen en la vida diaria, es un  pensamiento crítico que se enlace con la vida en igual sentido que lo hace con la libertad. La primera no tiene sentido sin la segunda. Ese pensamiento crítico no seria otra cosa que el que alimenta la idea de una revolución pacifista que asume la crítica como  la posibilidad de descubrir los espacios o territorios de dominación, de sumisión y de reducción y al descubrirlos, lucha por trasformarlos. El desafío permanente en el que se estructura la acción pacifista es el cambio radical de todas las situaciones de sumisión, dominación y reducción en el que se encuentre cualquier persona,  comunidad, colectivo o sociedad.

Una idea pacifista está relacionada entonces con la posibilidad de pensar una utopía que cuestione de manera radical no sólo la realidad actual sino también el pensamiento que la sustenta. Rescatar el valor  de la utopía como un horizonte en permanente ampliación es un paso grande en el mundo del pragmatismo a ultranza, que no es otra cosa que la forma menos sutil de imponer una sola visión de la vida y una única realidad. La Ley de Cultura de Paz que promovemos busca abrir espacios de pensamiento y acción que orientados desde los principios de la no violencia, del pacifismo social, genere una movilización educativa que transforme visiones guerreristas  o bélicas enraizadas en la vida moderna actual.

No se trataría  sólo de resistir, sino que esa misma resistencia se convierta en un  proceso de transformación de las condiciones de vida, de las personas, de las comunidades, de los colectivos, de las sociedades. Se entiende que la revolución pacifista que se propone es antes que nada una movilización no violenta hacia la justicia, hacia la solidaridad, hacia la democracia viva, es decir, hacia la acción ciudadana y el desarrollo de un gobierno justo. Se entiende asimismo  que un principio incuestionable de tal  revolución es el respeto a la vida sin el cual es imposible avanzar. La Ley de Cultura de paz es eje fundamental de esa inmensa revolución pacifista que debe impulsarse en Colombia.

La critica de la cultura de la guerra y la acción sustentada en una Cultura de Paz que se contrapone,  es voz o lenguaje que permite hacer visible lo que ha sido ocultado mediáticamente por la supuesta  sensatez del pragmatismo y de lo políticamente correcto. Pero no es fácil saber con precisión que hay detrás de toda la información que circula. No lo es en tanto lo que se entiende por información no es otra cosa que un producto de consumo maquillado por publicistas vueltos comunicadores o por comunicadores vueltos publicistas.

La comunicación toma la belicosidad del poder y circulan, con más fuerza que las bombas, lenguajes que ocultan de manera estratégica las razones de vida. La lucha no puede ser militar. De ella sólo surgirá la muerte. Tampoco puede ser sólo intelectual o construida artificialmente entre los muros de la academia. Una lucha así será tan elitista como la otra, la armada. Muchísimas veces los ecos de su razón quedan atrapados en silogismos verbales de difícil comprensión para la mayoría o en solemnidades derivadas de las necesidades de reconocimiento por la que navegan muchos intelectuales, profesores y científicos.

Pero si el lenguaje de paz debe marcar distancias del pensamiento militarista, los medios deberían distanciarse de la violencia como producto de consumo. La guerra mediática tendría que ser reducida, sólo así, una comunicación pacifista podrá llegar a  entenderse como alternativa. Los que desean la paz tienen que abandonar el lenguaje de la violencia, de la misma manera que los que empujan la guerra tendrían que abandonar las armas. Pero si lo que entendemos por pacifismo es una corriente de pensamiento que se opone a lo militar también es o debería constituirse en un movimiento ciudadano que se oponga a las injusticias. Una movilización cultural que alimente el alma epocal de nuestro país.

Tarea nada fácil cuando el mundo ha sido empujado a un individualismo a ultranza que hace mella en las relaciones políticas, sociales y económicas. Estamos inmersos en una red de intereses que no dejan ver lo que somos. Los intereses están por encima de nuestros principios y también, por esta razón, estamos más dispuestos a luchar por lo personal llegando a convertir nuestros lugares de trabajo y nuestras sitios de vida en trincheras que nos protegen del dolor de los demás. Lo poco que sabemos de los demás lo contemplamos absortos en la televisión y de ella desprendemos nuestra visión de la realidad.

El pacifismo y la no violencia son una lucha por trastocar los valores que han sido impulsados por los distintos poderes pero también puede pensarse como una opción política que se alimenta de los ideales de una sociedad justa en donde los derechos, que son territorios de conflicto político, no pueden ser escenarios de guerra como tampoco ser postergados en el juego de los poderes económicos internacionales. Pero ?Cómo plantear una lucha pacifista en medio del militarismo dominante? ?Cómo hacer visible este dominio en medio de una comunicación neutralizada por los mismos violentos? ?Cuál puede ser el camino no bélico para lograr lo que deseamos? ?Es acaso posible pensar una sociedad  desmilitarizada?

No son fáciles las respuestas, tendríamos que mirar con mucha atención las infinitas formas de trabajo comunitario, de colectivos y movimientos que desde la solidaridad y la cooperación se oponen, con más éxito del publicitado, a la injusticia y logran lo suyo poco a poco desde los mínimos que surgen del respeto por los demás.

Renovar la idea de revolución y enlazarla con la idea pacifista es el primer camino. Desmilitarizar la idea de revolución y llenarla de lenguaje en donde lo humano se oponga de forma radical a lo inhumano y la justicia desplace la fuerza o el poder de lo crematístico se vuelve uno de los desafíos de esa Revolución Pacifista que es deseada por la inmensa mayoría.

Pero esta revolución es opuesta a la idea de una democracia sólo de representaciones, también a la idea de una democracia en sentido estrictamente político, como lo es así mismo de un estado sustentado en la fuerza o su monopolio. La transformación radical de las formas de pensar no parece suficiente, es urgente la mutación más fuerte de las formas de actuar. La liberación del dominio único de una estética de la publicidad y de la virtualidad es otro de los retos que habría que afrontar desde esa idea en ciernes que es lo revolucionario pacifista. Abrir la mente a la crítica para poder ver lo que se vende como bello y empujar con pasión una reinterpretación del arte como expresión inequívoca de lo que somos. Un paso en firme es el desarrollo y puesta en práctica de la Ley de Cultura de Paz que abra caminos, senderos, espacios, lugares infinitos de convivencia y paz.

Con el riesgo que significa, preferiríamos hablar de una cultura pacifista nacida de la vida misma, que de lo que se llamó en su momento una cultura política. Entendemos entonces que la revolución pacifista es también una revolución cultural y por lo tanto es desde los cimientos o si se prefiere desde el mismo ser humano en donde debe nacer.

Pero esto no es tarea fácil. Se cruza y produce un inmenso conflicto con la idea dominante de educación. Se confronta de forma irremediable con los lenguajes que circulan y plantea quizás uno de los más fructíferos desafíos: la resistencia lingüística como forma de lucha contra la uníformación, contra la uní dimensionalidad, contra la unicidad del pensamiento. Contra el desconocimiento de la diversidad y la reducción de la pluralidad a mero juego electoral.

Es en este sentido que se entiende que el lenguaje es ante todo espacio de dominación. Y  también que la comunicación y los medios tienen que ser objeto de  crítica. Pero así mismo es fácil ver como los medios son sólo uno de los espacios en donde se construye ese dominio. La escuela y las instituciones son también caja de resonancia de esos lenguajes y es en ellas en donde se promueven con todo éxito la inclusión del nino, del joven, de la mujer a esa sociedad de los consumos y las competencias mercantiles. Es en esas instituciones en donde se dibuja con tinta indeleble la idea de una sociedad competitiva y también la idea de esa sociedad como un escenario de lucha entre los humanos.

La escuela está pensada para responder a las necesidades del mercado y este para garantizar las ganancias del capital. Ese enlace entre una cosa y otra pone la educación contra la pared, en tanto para lograr la inserción exitosa de todos en el mercado, posterga la urgencia de formar espíritus libres y solidarios. La educación comparte con los medios la responsabilidad de presentar como lo posible, aquello que es alcanzable en competencia y reduciendo  los demás a posibles contrincantes. En esa confrontación por la vida nace gran parte de la idea de una confrontación armada. También la idea de una defensa de lo propio por los medios legalmente establecidos sean estos legítimos o no.

Allí en la vida diaria como lugar de confrontación se construyen las transgresiones más sutiles y a la vez más profundas  de lo que somos como humanos. La idea de paz no puede ser pensada sólo en épocas de guerra. No es la presencia de los conflictos bélicos lo que debe forjar una idea pacifista. Es la necesidad de transformar la sociedad y las relaciones políticas, económicas y sociales lo que aparece como urgencia. No se trata entonces sólo de encontrar la Paz como un estado ideal de vida sino de crear o construir escenarios que garanticen los derechos y la vida pacifica. No se trata de luchar por lograr la Paz sino de vivir en paz y esto es un reto humano permanente, lleno de tensiones y conflictos que sólo se resuelven pacíficamente en tanto aceptemos que lo violento es un extremo de nuestra naturaleza que debe ser neutralizado desde principios y acuerdos político éticos que alienten la democracia como sistema vivo.

 

La ley de Cultura de Paz como una iniciativa social y  cultural  de creación colectiva: así queremos construir colectivamente la ley de Cultura de Paz.

 

Lo más importante de la ley no es que se cumpla. Es, al menos desde la perspectiva de este proceso, que sea legítima, que su alcance, sus fines, los elementos que la componen y los instrumentos que promueven sean útiles a la población, a la ciudadanía, al individuo y a la sociedad. También por supuesto que sea el resultado de un esfuerzo colectivo que reconozca la diversidad cultural, social, política y territorial del país, de sus comunidades, de los colectivos y minorías que viven, disfrutan o sufren la realidad histórica que  comparten.

Es decir, esta ley mucho antes que su precisión o eficacia, busca su legitimidad en tanto somos conscientes, los que la impulsamos, que sólo la legitimidad le dará la eficacia que el país necesita.

Metodología para el desarrollo de la creación de la Ley de Cultura de Paz

La metodología tiene dos aspectos fundamentales: la divulgación y la discusión o diálogo constructivo.

Se preparará una primera versión con el propósito de que existan elementos para un diálogo plural. Esta versión tratará de recoger aspectos que sean del interés general y que puedan ser un dispositivo o detonante del diálogo.

La divulgación: Se hará a través de medios masivos, comunitarios y electrónicos buscando recibir desde el inicio las propuestas, críticas y aportes que puedan  dar una visión compartida de  la ley.

Se creará la página www.leydeculturadepaz.org y se promoverá un proceso amplio de participación que a manera de foro permanente promueva la reflexión sobre la ley, sus alcances, sus utilidades, su legitimidad etc.

Se trabajan seis mesas de reflexión sobre la ley de Cultura de paz para discusión:

Las mesas de reflexión estarán conformadas por:

  1. Las comunidades y sus representantes pueblos originarios, afro descendientes, minorías sociales.
  2. Mujeres de organizaciones de base, académicas, de movimientos culturales.
  3. Los expertos y organizaciones de paz.
  4. Los partidos, movimientos y grupos políticos.
  5. Los medios de comunicación, tanto masivos como alternativos.
  6. Los organismos internacionales regionales e internacionales.
  7. Se desarrollará una mesa de trabajo en Europa para discutir desde otras experiencias, el proceso y la Ley de Cultura de Paz

Congreso ciudadano

Una vez hechos los ajustes finales, se llevara la ley a un congreso ciudadano convocado con representantes de las distintas tendencias, redes, movimientos sociales y culturales para definir el texto último y la manera de aprobación de la ley.



PROPUESTA  BASE DE LA LEY DE CULTURA DE PAZ
PRESENTADA POR PACIFISTAS SIN FRONTERAS EN EL MARCO DEL PROCESO DE DESARROLLO DE LA CUMBRE MUNDIAL DE PAZ.

Consideraciones

Esta ley  nace con la convicción de que la humanidad  puede convivir en paz y nuestro país puede ser ejemplo de ese principio. El sistema democrático  y la  constitución son instrumentos que nos comprometen como ciudadanos a participar activamente en la construcción de una sociedad pacífica, no violenta en donde los valores que la orienten son los de una cultura de paz de la tolerancia, la solidaridad, la resolución pacifica de conflictos. 

Nuestra constitución dispone de orientaciones y compromisos claros para el desarrollo de una Ley de Cultura de Paz. También nuestra realidad nos obliga a orientar las leyes hacia una cultura que propicie, promueva y fomente una cultura de la no violencia, de la paz, de la convivencia pacifica.
La constitución colombiana establece en su preámbulo que el pueblo de Colombia,

"En ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la asamblea nacional constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana decreta, sanciona y promulga la siguiente":

En su  artículo 22 establece que: "la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento".

En su articulo  44 establece que: "Son derechos fundamentales de los ninos: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social, la alimentación equilibrada, su nombre y nacionalidad, tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y amor, la educación y la cultura, la recreación y la libre expresión de su opinión. Serán protegidos contra toda forma de abandono, violencia física o moral, secuestro, venta, abuso sexual, explotación laboral o económica y trabajos riesgosos. Gozarán también de los demás derechos consagrados en la Constitución, en las leyes y en los tratados internacionales ratificados por Colombia.
La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y proteger al nino para garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos. Cualquier persona puede exigir de la autoridad competente su cumplimiento y la sanción de los infractores. Los derechos de los ninos prevalecen sobre los derechos de los demás."

En su articulo 67 establece que: "La educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social: con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura. La educación formara al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia; y en la practica del trabajo y la recreación, para el mejoramiento cultural, científico, tecnológico y para la protección del ambiente."

De las razones y el contexto

  • Muchas de nuestras comunidades locales han logrado construir sociedades pacificas sobre la base de la convivencia, la solidaridad, la amistad, la justicia y el respeto por el ser humano sin importar la raza, cultura u origen.
  • La ciudadanía muestra cada vez con mayor intensidad la necesidad urgente de movilizarse en contra de la guerra, en memoria de las victimas y contra todas las formas de violencia que ha sufrido el país, las comunidades y la ciudadanía a los largo de  su historia. No sólo con las movilizaciones espontáneas, esporádicas puede llegar a construirse una sociedad no violenta y pacifica. Es urgente que se establezcan con claridad acciones de fomento, desarrollo, promoción y financiamiento de una Cultura de Paz en donde la educación, la comunicación tienen un papel fundamental a desarrollar.
  • Es urgente y necesario transformar las ideas que alientan la guerra y la violencia. Existen en el lenguaje de medios, expertos o políticos, conceptos que pueden encontrarse en la base de  pensamiento bélico, militaristas o violento  y que incentivan o promueven la violencia que es necesario desincentivar su uso y continua divulgación, en tanto este tipo de lenguaje o pensamiento son elementos que favorecen la acción violenta tanto física como simbólica. Desde la Cultura de Paz  es más humano afirmar que  el estado debe tener el monopolio de la inteligencia, que aceptar ciegamente el de la fuerza que ha mostrado con creces que ha fracasado.
  • El lenguaje y los ideales de justicia y libertad son puentes que unen la idea de hombre y de mujer a la de sociedad, a la de comunidad. La vida no puede ser violentada de la misma forma que la justicia no puede ser postergada. Lo justo es avanzar libremente hacia la sociedad deseada por el camino de los acuerdos y del uso de un lenguaje de la no violencia, del pacifismo, de la convivencia en contra de un lenguaje de confrontación, la beligerancia.
  • Es urgente  encontrar los caminos inteligentes para respetar a los otros, con sus distintas religiones, con diferentes formas de vivir o sonar. Lo injusto sería silenciar las diferencias y establecer el imperio de la fuerza que no es otra cosa que el imperio de la sin razón y de la esclavitud, de la sumisión. Es inhumano pensar que la manera de lograr nuestra libertad es haciendo esclavos o súbditos  a los que no piensan como nosotros.
  • Reducir el mundo y Colombia a una sola visión política, o social o cultural o a una sola hegemonía, es además de  ampliar las posibilidades de una catástrofe, declarar la guerra a la razón. No se trata sólo de una confrontación bélica, va mucho más allá: se trata de una batalla frontal de la barbarie contra la humanidad,  de la estupidez contra la cultura.
  • La  lucha por la supervivencia puede ser superada por la defensa radical de la vida. De ella, de esa defensa activa y no violenta y pacifista, brota el optimismo por la especie humana, para nuestro país y para cada una de las comunidades, pueblos y ciudadanos que lo habitan. Sabemos que el hombre y la mujer son aliados de la vida.
  • Es necesario mirar con total atención crítica  el presupuesto educativo que habla de la ambición como fuente de éxito. Allí podríamos encontrar muchos de los males que nos ahogan. Allí pueden también estar las claves para la comprensión de algo que nos enmudece: la competencia entre seres humanos deja no sólo muchos derrotados sino que una inmensa cantidad no llegan a ninguna meta. Millones mueren de hambre en países del sur, millones mueren violentamente en confrontaciones inútiles en medio del terror y del odio, muchos se suicidan creyendo que la muerte es mejor que la vida, millones están sumidos en la miseria para que unos pocos millares disfruten el paraíso artificial construido por el dinero.
  • Es urgente educar las siguientes generaciones sobre presupuestos educativos que favorezcan la igualdad, la libertad, la solidaridad y la cooperación entre seres, entre comunidades, entre países. Educar para una Cultura de Paz es además de transmitir valores de paz construir colectivamente y pacíficamente el futuro de todos y todas. La educación para una Cultura de Paz es educación acción, trabajo colectivo.
  • La paz no es sólo ausencia de violencia o de la muerte. Es mucho más: es escenario de la vida política y de una cultura que reconoce sus propios conflictos y los resuelve por el camino de los acuerdos. Sí, la paz es reconocimiento de los derechos humanos en su más amplia acepción, desde el derecho intocable y sagrado de la vida, hasta los derechos del ser humano a la educación o la salud,  pero es necesario no sólo entender, sino también aceptar que la lucha por el logro de los derechos humanos no puede ser violenta.
  • Es contradictorio e inaudito que se mate y se violente a otros seres humanos, en nombre de los derechos humanos y de la justicia. No es ni comprensible ni aceptable la violación del derecho a la vida para el logro de otros derechos. Tampoco lo es pensar que la justicia puede ser postergada sin violar los derechos humanos. El arma más humana para el logro de la justicia es la no violencia y ésta es acción pacífica al tiempo que pedagogía pacifista. Es desafío al pensamiento belicista que se ha arraigado en el espíritu de los estados modernos y en los más difundidos paradigmas políticos.
  • El desarrollo no puede ser alcanzado sobre la base de una cultura de la competencia indiscriminada entres seres humanos, entre colombianos. Tendrá que ser sobre la base de una cultura de la solidaridad y la libertad, o estar condenado a ser crecimiento desigual e injusto. No se trata sólo de encontrar un equilibrio entre la producción y el consumo. Tampoco de la expansión hasta las últimas consecuencias de la frágil frontera ecológica.
  • Resulta contradictorio que el mundo actual y nuestro país como parte de el, habiendo alcanzado avances sustanciales en lo educativo, lo económico, lo tecnológico, las diferencias violentas entre ricos y pobre, entre sur y norte no logren eliminarse. La base de una sociedad de valores no violentos no se alcanza mientras la sociedad, el estado y los ciudadanos no conozcan y se comprometan con una cultura que rescata la supremacía de lo humano y lo natural  sobre lo financiero, lo económico o bélico.
  • La defensa de la humanidad y la promoción de un pensamiento pacifista son claves para comprender desde la solidaridad el compromiso que todos debemos tener para construir colectivamente el país que deseamos para las futuras generaciones. Se trata de superar la cultura de la violencia que ha prevalecido a lo largo de décadas y construir un país líder de la paz en el mundo.
  • En el marco de la década internacional para la cultura de paz (2001-2010) proclamada por las naciones unidas, la Ley de Cultura de Paz de Colombia destaca el papel decisivo de la educación como base de la convivencia, el progreso, el bienestar, y se busca que se constituya en un punto fundamental  para sustituir la cultura de la violencia que ha definido el siglo XX por una Cultura de Paz que tiene que caracterizar este  nuevo siglo.
  • La Cultura de Paz la forman todos los valores, comportamientos, actitudes, prácticas, sentimientos, creencias, que acaban conformando la paz. También  las ideologías que se sustentan en valores de tolerancia, solidaridad, convivencia pacifica  y que privilegian la igualdad y la libertad como ejes de la vida en sociedad.
  • La Cultura de Paz se tiene que implantar a través de potenciar la educación para la paz, la no-violencia y los derechos humanos, a través de la promoción de la investigación para la paz, a través de la eliminación de la intolerancia, a través de la promoción del diálogo y de la no-violencia como práctica a generalizar en la gestión y transformación de los conflictos.
  • Esta ley -amparándose en el punto a.2 del programa de acción sobre una cultura de la paz, aprobada por la asamblea general de las naciones unidas en 1999- establece una serie de medidas destinadas al ámbito educativo y de la investigación, con el objeto de establecer la cultura de paz y no-violencia en nuestra sociedad.
  • La ley de Cultura de Paz, reconoce la importancia fundamental de la Memoria Histórica en el proceso de Paz duradera y por lo tanto propone el desarrollo de una ley de memoria histórica para Colombia.
  • La ley de Cultura de Paz, reconoce el valor de los Pueblos y culturas originarias de América, África y Asia, como fuente de pensamiento pacifista  y considera que son un aporte vital para el desarrollo de una cultura de Paz en el territorio Colombiano.

 ARTÍCULO 1.

De los fines
1. Colombia  resolverá sus controversias internacionales  de conformidad con la carta de Naciones Unidas y los demás instrumentos internacionales - de los que es parte, colaborando en el fortalecimiento de la paz y la seguridad internacional, la cooperación y los derechos humanos.
2. El gobierno promoverá la Cultura de Paz a través de iniciativas de solidaridad, culturales y de investigación, de educación, de cooperación, de comunicación  y de información.
3. Para tales fines el gobierno, establecerá mecanismos de colaboración con las entidades locales, así como con otros entes y organismos del propio estado. Asimismo, y con el mismo objetivo, establecerá convenios de colaboración con los organismos internacionales, y las entidades y ONG más significativas en el ámbito de la paz.
4. También para tales efectos el gobierno nacional establecerá los mecanismos  necesarios para que un porcentaje de los recursos de ayuda, cooperación o apoyo internacionales se destine a la promoción de la Cultura de Paz durante al menos cinco anos.
5. El gobierno establecerá los mecanismos, estrategias, alianzas necesarias para que los medios masivos de comunicación desarrollen programas, espacios, o campanas dirigidas a dar a conocer la Cultura de Paz y protegerá a los ninos y ninas del país de espacios que vayan en contravía de la dignidad humana y del respeto por los seres humanos.
6. Con el propósito de promover la vida y exaltar a aquellos que han sido victimas de la guerra, el gobierno emprenderá acciones dirigidas a sensibilizar a la ciudadanía sobre el dolor de todos las victimas sin discriminación por raza, sexo, origen, ideología política. 
7. El gobierno apoyará la iniciativa Capital colombiana de la Paz  como un espacio de promoción de Cultura de Paz y aportará los recursos necesarios para que esta se desarrolle cada dos anos en una ciudad de Colombia.
8. El gobierno apoyará la creación del premio mundial de Cultura de Paz que será entregado cada dos anos en el marco de la Capital colombiana de la Paz que se desarrollara en Colombia y será promovido en nombre de todos aquellos que han sufrido la violencia en nuestro país.
9. El gobierno promoverá una gran campana  de sensibilización sobre el problema del destierro en Colombia y creará los espacios necesarios para que la población en destierro organice su vida cultural según sean sus intereses, valores, costumbres creando un Centro Cultural de Paz en aquellas ciudades en donde se acoge el mayor número de desterrados. Esta actividad será en alianza con los gobiernos departamentales y locales.
10. El gobierno creará los incentivos para que la empresa privada apoye la divulgación de los valores de Cultura de Paz a través de mecanismos que ellos mismos elijan. Se espera que todas aquellas actividades dirigidas a fomentar y desarrollar una Cultura de Paz tengan escenarios favorables.

ARTICULO 2
De las acciones
Corresponde al gobierno, para la realización de los fines mencionados en materia de Cultura de Paz:
1. Promover en escuelas, colegios y universidades la Cultura de Paz a través de la creación de espacios, cátedras, líneas de investigación, programas de comunicación que den a los estudiantes una visión amplia, clara y precisa de los valores que sustentan una Cultura de Paz y una sociedad pacifica.
2. Impulsar, desde la Cultura de la Paz, la incorporación de los valores de no violencia, tolerancia, democracia, solidaridad y justicia en los contenidos de los libros de texto, materiales didácticos y educativos, y los programas audiovisuales escolares.
3. Establecer programas de educación ciudadana con contenidos de Cultura de Paz y promover la Cultura de Paz en cada ciudad, cada pueblo de la nación como principios que orientan la vida comunitaria y societal.
4. Promover la incorporación de los principios de Cultura de Paz en los planes de desarrollo municipales, departamentales y nacionales reconociendo la importancia de la Cultura de Paz como eje del desarrollo de los pueblos.
5. Promover en todas las instituciones del estado estructuras de apoyo a la Cultura de Paz tales como círculos de trabajo, comités, grupos o redes de impulsores de la Cultura de Paz.
6. Promover e impulsar la creación de espacios, de monumentos, de calles, de puentes con referencias o nombres de  aquellos que han caído en la violencia de cerca de 60 anos.
7. Promover la formación especializada de hombres y mujeres en técnicas de resolución de conflictos, negociación y mediación. Promover la red de voluntarios de la Cultura de Paz creando los incentivos de carácter académico, laboral o cultural para que se favorezca la vinculación activa de hombres y mujeres a procesos de formación, entrenamiento o trabajo social sobre la Cultura de Paz en Colombia.
8. Promover un incremento del conocimiento público y de la ensenanza del derecho internacional humanitario y de la legislación sobre derechos humanos. Creando la cátedra Cultura de Paz en cada recinto de legislación, congreso, asambleas, concejos, o juntas de administraciones locales.
9. Colaborar con la organización de Naciones Unidas, en la promoción de institutos universitarios especializados, o de postgrados en Cultura de Paz en las instituciones públicas.
10. Promover las tareas de construcción de la Paz en áreas de conflicto con la participación de personal especializado. Promover el desarrollo de textos que sirvan de material pedagógico para el trabajo con las comunidades en conflicto sobre Cultura de Paz.
11. El gobierno creará los mecanismos de consulta periódica con la sociedad civil y la vinculada y asociada con los movimientos de la paz para el adecuado cumplimiento de las disposiciones contenidas en la presente ley. Se establecerá el Observatorio de Cultura de Paz como espacio o dinámica de seguimiento e información sobre esta ley.
12. El gobierno destinará al menos 5 minutos de un espacio televisivo destinado a promover la Cultura de Paz, sus valores, sus alcances, sus propósitos así como experiencias ejemplares en convivencia, solidaridad y educación para la paz. Creará los incentivos para que la televisión, la radio y la prensa privadas se comprometan en campanas de educación en Cultura de Paz.
13. El estado colombiano formalizará - en el plazo más breve posible - la adhesión a la agenda de La Haya para la paz y la justicia en el siglo XXI, y se compromete a desarrollar los programas y propuestas que en ella se contienen.
14. En el marco de la proclamación por la asamblea general de la Naciones Unidas de la década 2001-2010 <decenio internacional de la promoción de una cultura de no violencia y de paz en beneficio de los ninos del mundo>, el gobierno buscará el desarrollo de iniciativas concretas en materia de Cultura de Paz en plena coordinación con las organizaciones de naciones unidas para la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO), y para la infancia (UNICEF).
15. Promover las acciones y actuaciones necesarias para desarrollar los contenidos de las convenciones internacionales sobre la eliminación de toda forma de discriminación racial, discriminación contra la mujer y discriminación derivada de la orientación sexual.
16. Promover acciones necesarias para contribuir a la desmovilización y reintegración en la sociedad de menores implicados en conflictos. Su integración familiar, educativa, social  y cultural serán metas que deban cumplirse como parte fundamental de su desmovilización.

 

 

 


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